Explicar lo complejo sin simplificar, escuchar antes de responder y sostener la credibilidad con hechos: esos son los retos de la comunicación social cubana frente al proceso de transformaciones económicas y sociales del país.
En esta entrevista exclusiva con Cubaperiodistas, Anamaris Solorzano Chacón, directora general de Comunicación Organizacional y Comunitaria del Instituto de Información y Comunicación Social, profundiza en cómo instituciones, medios y comunidades articulan esta labor en medio del bloqueo y la guerra comunicacional.

📌 Un diálogo fundamental para entender la importancia de distinguir la desinformación de las dudas ciudadanas, el rol de los medios y la necesidad de una comunicación interna efectiva.
👉 Los invitamos a leer la entrevista completa a continuación. 👇
- ¿Cómo acompaña la comunicación a este proceso de transformaciones económicas y sociales?
La comunicación social tiene un papel esencial en las transformaciones. Su función no se limita a informar, sino que debe formar parte de todo el proceso, desde su preparación hasta su implementación y evaluación.
Estamos ante medidas complejas, que tienen implicaciones en la vida cotidiana. Por eso, es necesario explicar sus fundamentos y cómo se llevarán a la práctica, pero también resulta imprescindible escuchar los criterios y propuestas de las personas.
Desde el Instituto orientamos esa labor con una concepción integral, que articule la comunicación en los ámbitos organizacional, mediático y comunitario. No se trata únicamente de que la información llegue, sino de que sea comprensible, veraz, oportuna y útil.
Hay que tener presente que las transformaciones se desarrollan en un contexto muy difícil. La comunicación, por sí sola, no resuelve esas dificultades, pero sí puede contribuir a una mejor comprensión de las medidas y favorecer la participación popular.
- ¿Siente que la estrategia comunicacional de estas medidas está siendo efectiva?
La comunicación de las decisiones ha ocupado un espacio importante en el trabajo de los organismos, con la participación de los medios fundamentales y a través de diferentes espacios de intercambio con la población. Se han realizado esfuerzos por explicar sus fundamentos, aunque la complejidad de las transformaciones exige continuar mejorando.
Es necesario que la información no se limite a exponer los objetivos de una medida, sino que permita comprender sus implicaciones prácticas. Además, hay que anticipar las inquietudes de la población y dar continuidad a las explicaciones, porque muchas dudas surgen cuando las decisiones comienzan a aplicarse.
Todo esto ocurre en un contexto marcado por las consecuencias del bloqueo y un escenario de confrontación comunicacional. Pero es importante distinguir la desinformación de las dudas, preocupaciones e insatisfacciones legítimas de la población, que merecen atención y respuestas.
Considero que hemos avanzado, pero aún tenemos desafíos relacionados con la oportunidad de la información y la capacidad de escuchar a los diferentes públicos. La comunicación no termina cuando se ofrece una información; también hay que conocer cómo se comprende.
- Por vez primera las instituciones públicas trabajan bajo una metodología concertada. ¿Puede profundizar en esta experiencia?
Es importante aclarar que este trabajo no comienza con las actuales transformaciones. Desde el pasado año funciona en el Instituto una comisión que analiza los planes de aseguramiento comunicacional presentados por los organismos.
Cada organismo tiene la responsabilidad de concebir y desarrollar la comunicación de las medidas que le corresponden. Desde el Instituto se analizan las propuestas para contribuir a la calidad y coherencia del trabajo.
Este ejercicio exige rigor. Los planes deben partir de un análisis del contexto, identificar los públicos y sus necesidades, definir objetivos, valorar riesgos y prever las acciones antes, durante y después de la implementación. También deben integrar la comunicación en sus tres ámbitos y establecer mecanismos de seguimiento.
Otro aspecto en el que insistimos es la implicación de los máximos directivos y el trabajo conjunto de los especialistas en comunicación con las áreas responsables. La comunicación no puede quedar únicamente en manos de los comunicadores. Es una responsabilidad de los directivos.
Para el Instituto ha sido una experiencia de mucho valor. El intercambio con los organismos nos permite conocer mejor sus realidades e identificar dificultades comunes. Es un aprendizaje que fortalece tanto el trabajo del Instituto como la responsabilidad de cada institución.
- Con un sistema que arrastra una cultura de verticalismo, lo más difícil es la comunicación interna. ¿Cómo está funcionando?
La comunicación interna desempeña un papel fundamental, especialmente cuando se trata de decisiones que implican cambios en la manera de trabajar. Existen experiencias positivas que demuestran la importancia del intercambio entre directivos y trabajadores, aunque no todas las organizaciones han alcanzado el mismo nivel de desarrollo. Todavía es necesario fortalecer los espacios de diálogo.
Hay una responsabilidad muy importante de los directivos. No basta con informar una decisión a quienes tienen que llevarla a la práctica. Es necesario explicar sus fundamentos, preparar a los trabajadores y conocer las dificultades que pueden presentarse. Muchas veces son ellos quienes mejor pueden identificar los problemas.
Existen orientaciones comunes para el aseguramiento comunicacional, pero eso no significa que todas las instituciones deban trabajar de la misma manera. Cada organismo elabora su propio plan de acuerdo con sus características.
El mayor desafío está en lograr que la comunicación interna se asuma como parte de la gestión cotidiana y no solamente como una vía para transmitir informaciones. Cuando los trabajadores conocen y pueden expresar sus criterios, están en mejores condiciones de participar y aportar soluciones.
- ¿Qué debería tener en cuenta cada sector en su estrategia de comunicación?
Aunque las decisiones formen parte de un mismo proceso, cada sector tiene características y públicos diferentes. La comunicación debe responder al contenido concreto de cada medida. No existen fórmulas que puedan utilizarse por igual en todos los casos.
Un aspecto esencial es la utilidad de la información. Quien necesita realizar un trámite o acceder a un servicio requiere orientaciones precisas. Las explicaciones generales son necesarias, pero deben complementarse con información práctica.
También hay que considerar las diferencias entre los territorios y las posibilidades reales de acceso a la información. No siempre las mismas vías permiten llegar a todas las personas.
Otro elemento fundamental es la correspondencia entre lo que se comunica y lo que ocurre en la práctica. Las instituciones tienen la responsabilidad de ofrecer información precisa y garantizar que las orientaciones se correspondan con los procedimientos reales.
- ¿Cree que la forma en que se comunica este proceso contribuye a movilizar y promover la participación popular?
La participación popular es esencial, y la comunicación tiene mucho que aportar. Pero no basta con dar a conocer una medida. Para que las personas se involucren, es necesario que encuentren espacios donde puedan expresar sus criterios y contribuir con propuestas.
En Cuba contamos con estructuras y espacios de intercambio en los barrios y comunidades. Son fortalezas que debemos aprovechar mejor, porque es en la comunidad donde muchas de las decisiones adquieren una dimensión concreta.
Los medios de comunicación también desempeñan un papel importante. Además de divulgar las medidas, pueden profundizar en sus implicaciones y dar espacio a las inquietudes de la población.
Considero que existen experiencias valiosas, aunque todavía tenemos que avanzar en lograr una mayor participación. Es necesario dar seguimiento a los planteamientos y ofrecer respuestas. Esa relación contribuye a fortalecer la confianza y el compromiso colectivo.
- ¿Cuál ha sido el principal desafío comunicacional?
Si tuviera que señalar el principal desafío, diría que ha sido explicar el alcance de las medidas en un escenario donde las necesidades son urgentes y los resultados no siempre pueden apreciarse de inmediato. Esto exige mucha responsabilidad, porque no podemos confundir una decisión aprobada con un problema resuelto.
Las transformaciones abarcan asuntos relacionados entre sí y algunas requieren una aplicación gradual. Es importante que las instituciones expliquen con precisión qué se ha decidido, cuáles son las condiciones necesarias y qué resultados pueden esperarse en cada etapa. También es necesario informar cuando surgen dificultades.
La credibilidad también se construye cuando somos capaces de hablar con claridad sobre lo que se ha logrado, lo que está en marcha y lo que todavía falta por resolver.
- ¿Qué demandas nuevas le plantean a la comunicación un proceso como este?
Un proceso de esta naturaleza plantea mayores exigencias, especialmente por la diversidad de actores y la relación entre las diferentes decisiones. Esto requiere una articulación permanente entre organismos e instituciones, con claridad en las responsabilidades.
Otra exigencia está relacionada con la diversidad de escenarios donde circula la información. Las dudas pueden surgir y extenderse con rapidez, por lo que resulta necesario fortalecer la capacidad de las instituciones para ofrecer respuestas oportunas.
También es importante la preparación de quienes tienen responsabilidades en estos procesos. La comunicación social exige mayor conocimiento de los temas y sensibilidad ante las preocupaciones de las personas.
En definitiva, estas transformaciones nos exigen mayor capacidad de coordinación y análisis, pero también una visión de la comunicación que forme parte de la gestión de nuestras organizaciones.
- Con tantos fantasmas que se fabrican contra Cuba y el castigo colectivo que sufrimos, ¿cómo la comunicación hacia el exterior se plantea salir airosa?
La comunicación hacia el exterior tiene un papel importante en las relaciones económicas de Cuba, particularmente en un escenario marcado por el recrudecimiento del bloqueo. Son obstáculos reales que no pueden resolverse únicamente desde la comunicación, pero que hacen aún más necesario ofrecer información clara y confiable.
Resulta fundamental dar a conocer las oportunidades de cooperación, comercio e inversión, y las disposiciones que regulan estas actividades. No basta con presentar las oportunidades. También hay que facilitar el acceso a la información y explicar los procedimientos.
Esta labor requiere una estrecha relación entre las instituciones responsables, las representaciones diplomáticas y los propios actores económicos. Todos pueden contribuir a que se conozca mejor la realidad cubana y las posibilidades de establecer relaciones de beneficio mutuo.
- ¿De qué manera se pueden contrarrestar las opiniones desinformadas en redes sociales?
Lo primero es saber distinguir entre la desinformación, la manipulación intencionada y las opiniones que expresan dudas o preocupaciones legítimas. No todo cuestionamiento a una medida puede interpretarse como un ataque.
Las redes sociales constituyen hoy un escenario de gran influencia, donde las informaciones circulan con rapidez y muchas veces se presentan fuera de contexto. Frente a ello, las entidades tienen que actuar con oportunidad y ofrecer información veraz. Los vacíos de información dejan espacio para que se instalen versiones alejadas de la realidad.
Contrarrestar la desinformación no significa entrar en una confrontación permanente. Se trata de ofrecer argumentos sólidos y garantizar que las personas tengan acceso a información confiable. La mejor respuesta frente a la manipulación es una comunicación responsable, sustentada en hechos.
- Si se pone en la piel de quienes tienen que enterarse e interesarse desde el exterior, ¿qué aconsejaría a todos los que asumen el desafío de dar a conocer este cambio?
Les diría, ante todo, que tengan siempre presentes a las personas a quienes va dirigida la información. Es importante pensar en lo que cada ciudadano necesita conocer y comprender a partir de su propia realidad.
Como cubana, sé que detrás de cada preocupación hay situaciones concretas y familias que enfrentan dificultades. Por eso, aconsejaría hablar con claridad, sencillez y sensibilidad, sin tecnicismos innecesarios. La honestidad con lo que se informa es igualmente importante, incluso cuando no se tienen todas las respuestas.
Nuestro pueblo tiene una elevada cultura y una amplia experiencia de participación. La población merece explicaciones bien fundamentadas, un trato respetuoso y la posibilidad de ejercer su derecho constitucional a expresar sus criterios.
Durante mis años de trabajo he aprendido que la comunicación requiere tanto conocimiento como sensibilidad humana. Detrás de cada decisión hay personas, y eso no podemos olvidarlo quienes tenemos la responsabilidad de comunicar.

