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EDUCACIÓN PARA LA COMUNICACIÓN, UNA FORTALEZA PARA LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA

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Cuando la Ley de Comunicación Social entre en vigor en octubre de este año, el sistema comunicacional cubano contará con nuevas herramientas para perfeccionar su funcionamiento. En medio de ese proceso de transformaciones y reajustes, será implementado el Programa Nacional de Educación para la Comunicación.

Aunque su aprobación aún está pendiente, nos acercamos en la siguiente conversación con la Dra. C. Ana Teresa Badía Valdés a las características del Programa.

-¿Cuáles son las particularidades del Programa Nacional de Educación para la Comunicación?

“Yo creo que, sin dudas, la Ley de Comunicación Social viene a reordenar tres ámbitos fundamentales: el organizacional, el mediático y el comunitario. Todo ello en un escenario en el que la comunicación ha cambiado porque hay nuevos ámbitos de consumo en las generaciones.

Están consolidadas redes sociales y de consumo de información a través, por ejemplo, de tecnologías como lo son los dispositivos móviles. Estamos en un escenario comunicacional necesitado cada vez más de mensajes interactivos, en un contexto en el cual la comunicación, también en los medios, se basa sobre todo en la brevedad y en lo visual; donde es imprescindible la colaboración, teniendo en cuenta que las nuevas generaciones han crecido en espacios y plataformas colaborativas.

Es un escenario cambiante, un escenario en el cual el proceso de comunicación está signado por el intercambio permanente de roles entre emisores y receptores. Esto hace entendible la necesidad de modificar algunas de las actuales dinámicas de enseñanza y aprendizaje, ya que con los avances científicos y tecnológicos es necesario lograr con los ciudadanos nuevas habilidades cognitivas.

Los temas son muy abarcadores: la necesidad de perfeccionar la comunicación comunitaria; la enseñanza de los medios de comunicación desde edades tempranas, o sea, de las habilidades; los videojuegos educativos; los mecanismos de identificación de noticias falsas; el uso y apropiación de las tecnologías; el enseñar herramientas comunicativas para la creación de contenidos por parte de las audiencias”.

-Desde hace varios años, la educomunicación es una línea de acción de varios proyectos en Cuba. ¿Cómo este programa aglutina esas experiencias nacionales?

“Tenemos un campo de estudios en el país, tanto teórico como práctico, que ha venido conectando a dos disciplinas: la educación y la comunicación. En la actualidad estamos entendiendo que la educomunicación se convierte en una herramienta clave. Se trata, en este caso, de educar a los ciudadanos con el conocimiento y las capacidades necesarias para participar activamente en los procesos sociales que afecten sus vidas.

Esta experiencia que se presenta articula el conocimiento previo con relación a la educomunicación en el país; es ver la comunicación como estamos entendiendo este programa: producción de vínculos y sentidos, el diálogo y la participación en los procesos de aprendizaje, y la construcción de un conocimiento grupal y colectivo, alentando a la colaboración.

En todo este proceso la agenda de comunicación debe estar estrechamente relacionada con la de los actores populares y comunitarios. Entonces, emerge la necesidad de una estética de la comunicación popular y comunitaria, que es la estética de los sujetos populares. No debe ser una estética ni fea ni vulgar; pero debe ser la representación de los sujetos sobre la base de estilos novedosos y también de narrativas y formatos modernos.

Es muy importante también el enfoque crítico que busca formar a mejores ciudadanos a través de procesos participativos dialógicos activos, y yo vería esto enfocado sobre todo en el sujeto como protagonista del proceso de comunicación”.

-Los retos del Programa de Educación para la Comunicación son inmensos. ¿Cómo asegurar su implementación efectiva?

La implementación del Programa de Educación para la Comunicación depende de una mirada holística, de la unidad de varias disciplinas, del sentido colaborativo, de la consolidación de políticas públicas, del perfeccionamiento de nuestros medios, del renacer de nuestras instituciones educativas y de otras varias mediaciones.

Ha sido un programa construido colectivamente y su diseño está encabezado por la vicepresidenta del Instituto de Información y Comunicación Social (ICS), Belkys Pérez Cruz. La propuesta tiene un diseño flexible y todo el que tenga una idea está a tiempo de aportarla.

Yo creo también que para una implementación efectiva debemos entender que es necesario incorporar las tecnologías a nuestros procesos educativos y de comunicación, haciendo cada vez más un uso responsable de ellas, lejos de la enajenación que a veces provocan, sobre todo en los jóvenes.

Este programa también tiene que apoyarse en una concepción de lo cultural. Es parte también de la cultura. Nuestras sociedades no pueden perder nunca el carácter reflexivo-crítico y de conciencia colectiva, y a eso va a contribuir este programa.

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